Me encontraba sentado en la cama de un motel, viendo los recuerdos de la noche pasada. Tú y yo solos en un cuarto, en una ciudad extraña donde nadie nos conocía.
Tú eras simplemente hermosa, tu cabello caoba cayendo por la espalda, tus senos firmes de muchos años de jugar tenis, con piernas tan lindas que al verte parecías una ninfa, de lejos parecías una sirena color añil.
Mientras yo con un pulcro traje beige con camisa azul cielo, paseaba por las calles sin rumbo, buscando tan solo una razón de vivir.
Nos encontramos en un faro de luz, apartado de todos los ruidos, me viste yo tan solo observe. Me plantaste un beso en la boca y yo solo segui el juego, dijiste que conocías "Un Mundo Ideal" para sellar nuestro encuentro.
Llegamos guiados por un aura creada por Eros, mientras tu cintura de Afrodita me dejaba perplejo a la vez que hechizado por ti.
Me guiaste como si fuera un principiante, empeze acariciando tus palmas, donde gire en circulos, hasta que llegué a tú muñeca siguiendo un camino de enredaderas invisibles hasta llegar a tu cuello.
Mis labios tocaban tú piel sin ser violentos, solo me interesaba conocer el sabor de la envoltura de éste precioso ángel.
La boca llegó a su espalda donde baje la cremallera del vestido con mis dientes, mientras ella solo acariciaba mi virilidad con sus muslos, mientras tantos sus dedos jugaban desprendiendome la ropa.
Terminamos empapados de nuestros cuerpos, mientras yo seguía jugando con su espalda con mi cara y ella acariaba mi espalda con sus dedos, cuando mis dedos jugaban con su torso y abdomen.
Acercandome lentamente a tus labios de Venus, abri mi boca besandote e introduciendome en ti, olvidando todo, eras un dulce pecaminoso pero muy delicioso. Tú jugaste con mis criadillas e introduciste en tu cavidad oral mi miembro.
Nose cuanto tiempo pasó, pero aún recuerdo lo que siguio...
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